Enarrationes in ‘Limitless’
El moderno sueño, el tecnocrático, el farmacológico sueño: la búsqueda de la ilusoria inmortalidad, el acceso al saber todo. ‘Funes el memorioso’, una básta metáfora del insomnio, segpun Borges, lo había anticipado. Qué elixir podría llevarnos a lugares insospechados de la consciencia y del conocimiento y de la memoria. Algún día, acaso cercano, esa llave será fraguada. Ahora, es sólo especulación y ficción.
La historia, que no necesita nombre, es conocida: un fármaco X abre las puertas al cien por ciento de la capacidad cefebral.
Los fármacos tienen ese poder tan paradójico, oximorónico, de dar el poder anbsoluto y la aniquilacipin absoluta. Foucault comprobó que también el control absoluto del poder sobre el sujeto, del soberano sobre el descartable ‘homo sacer’.
Da decadencia: para querer ser algo hay que, previamente, no ser nada, porque si no fuésemos nada, ya seríamos algo. La decadencia es ese punto indeseable en que se presenta, por la vía de ‘crack up’, una nueva oportunidad.
El esritor, el pensador, la nada: el que sueña con ser sin gasto de ‘energía’. Es la idea más absurda del mundo. La decadencia no sólo se impone por el peso social o político, e incluso econpómico, sino por el espíritu frágil mismo de que estamos constituidos. El escritor es el hombre débil par exellance. Su fracaso no es romantico en el mundo de los hechos. El fracaso amoroso es, en breve o median lápso, inevitable.
La falacia inicial: ser débil. La modernidad me destruye, me enguye. ‘Aullido’ de Ginsberg. Hombres y mujeres han sobrevivido a a la Shoa. Ser débil es la más básica e infundada de las esxusas.
El azar: ‘Una tirada de dados jamás abolirá el azar’, rezó Mallamé. Algo de azar no puede descartarse en el devenir de las cosas.
Emerger: finalmente, en un punto, sin anticipo, emerge lo creativo. No se trata de una droga: se trarta de una potencia que todo ser humano lleva en sí. El momento decisivo es aquel en el cual ‘la forma de vida’ se convierte en nuestro centro absoluto. Aquí el escritor se dispersaba (diría Heidegger). Al fin, supo que su vida ‘no merece ser vivida sin una forma ’ (Agamben). La emergrncia (la muerte como angustia definitva y apertura al ser) y la exigencia (la filosofía) son el significado de la extraña droga del film.
‘estaba ciego y ahora veo’: una ttriste oaridua de lis verspiculos del Evangelio. Pero, en el ámbito secular, es válido: queremos ver. Es la partida de la Metafísica de Aristóteles. Puesto que la visión es aquello que más apertura da a las cosas, y de las cosas al hombre.
El orden: lo primero que uno hace es ordenar. El orden es la metodología. El método es la cifra del triunfo, la arquitectura de la revelación.
El despertar: es un punto en el tiempo. No acontece paulatinamente: es un punto raudo y filoso como una daga. De repetente, todo se hace claridad. ‘El Aleph’ es una basta metáfora del momento de la revelación, cualquiera sea. ‘Infierno I 32’ también lo es: Dios se revela a un Leopardo y a Dante y comunica un arcano.
Reacción: todo lo que sube tiene que bajar. Vimos lo que jamás volveremos a ver. Es de tal intensidad, ha requerido tal gasto de energía (Bataille) qie apenas podemos sostenerlo. Desesperados, buscamos volver a ese punto. Acaso no regrrese. Pero es necesario que sepamos que ese punto, esa exigencia, es el sentido absoluto de la vida. Es Ignacio de Loyola leyendo la vida de los santos: cada rato debe recordarlas, porque ellas sonsu fuerza, su memoria, su energía, su luz.
Crisis: en ese punto, siempre acontece una correción. Loyola decía que a toda consolacion sucede una desolación y viceversa. Aquí es igual: alcanzada la visión de la forma de vida, comienza la pregunta por el ‘cómo’, que es la más difícil de responder.
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